Vagabundeaba el loco Richi por el parque, el día del amigo, en compañía de ninguno de ellos, cuando entre matorrales vio asomarse un talle 42, seguido de una manga de pantalón, con una pierna dentro. Viendo esto, le dio un trago a su petaca de whisky, abrió la boca solo callando sus pensamientos, no pronunció palabra. Sospechando, abrió los matorrales, para ver al resto del fiambre.
Lo que vio lo impactó. La fiel petaca, que pocas veces se había visto separada de su mano callo al piso, justo encima de otra petaca idéntica, que pareciera ser que llevaba el cadáver antes del accidente. Richi hizo tres pasos para atrás tan solo para tropezar con un zanjón y caer en una vertiente, mojándose así el culo y aplastando un par de inocentes renacuajos. Solo volvió (temblando del miedo) para agacharse, levantar su petaca y continuar camino.
Se levantó, y sin cambiar la cara, con su quijada rígida en posición de alerta, empezó a correr, atravesó campos y campos, saltando charcos, trepando montañas, entrando en propiedades privadas, evadiendo animales. Finalmente cayó la noche y decidió montar un campamento. Improvisó una carpa con cañas de bambú y hojas de palmera. Como ya se habrán dado cuenta queridos lectores, son dos tipos de plantas que no suelen convivir en el mismo hábitat. Richard no lo tuvo en cuenta, analfabeto se mantuvo desde el nacimiento y nunca había visto, ni por casualidad ni por zapping, Discovery Channel. Sin embargo presentía que algo andaba mal.
Aquella noche no pudo dormir, lo mataba el pensamiento de lo que había visto. Cuando se hizo de día no quedaba otra que caminar y sus delgadas y abrumadas piernas se pusieron en marcha.
Un cartel, con forma de flecha, hizo que Richi entre en razón, de que sin pensarlo se había adentrado en un sendero. El cartel no tenía palabras, era tan solo una flecha que señalaba el camino correcto hacia algún lado, al abrirse el camino en dos partes.
El loco pensó que era un camino montado, que lo querían desviar de su escape, se maquino en pensamientos de que lo estaban siguiendo, se persiguió de todas formas posibles. Y de tal forma tomó el camino equivocado, el que lo llevaría a cualquier parte, un camino “malo” diría Walt Disney. Aún más perdido se escondió entre unos arbustos, y empezó a beberse el whisky, que para su fortuna aun le quedaba bastante. Esperaba que esto lo salvara, que lo ponga lucido, le saque el cansancio y así siga descubriendo algún escape. Pero lo único que logró fue alzarse un pedo monumental, de esos que te desmayan, y así como fue pasó. De un momento se desplomó sobre aquellos matorrales. Tuvo bellos sueños hasta que fue interrumpido, un machao’ que pasaba abrió los matorrales para ver el resto del cuerpo que asomaba, y al verlo saltó del susto. Richi sin poder mover un musculo por su estado, no pudo advertirle lo que luego este sujeto viviría. El pobre machao’ que le había interrumpido el sueño, dejo caer su petaca, hizo tres pasos para atrás tan solo para tropezar con un zanjón y caer en una vertiente, mojándose así el culo y aplastando un par de inocentes renacuajos.
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